viernes, 17 de agosto de 2007

Superhéroes en mi trabajo.


El brasas se ha ido de vacaciones y lo que debería ser una oficina tranquila, con buen ambiente y cordialidad se ha convertido en un campo de batalla. ¿Y esto porqué? Pues porque las tonterías del brasas ocultaban otras cosas peores, sobre todo porque pasaban inadvertidas. Así pues tengo el gusto de presentaros... A LOS CUATRO FANTÁSTICOS. Si, si... como los de la película, salvo que tienen los poderes cambiados.

Eran personas normales hasta que el Corte Inglés los metió en mi departamento y fueron irradiados de radioactividad fandanguera, creyéndose lo que no son y adoptando sus increíbles poderes.

Como todo grupo de superhéroes, en primer lugar os debo presentar a su lider, el lleva la voz cantante, aunque le cantan mas cosas. Ya le conocíais como el Goordinador o el encagado... Suyo es también el poder de retener líquidos, pero lo que a simple vista es una enfermedad ¡cuidado! Pues para poder retenerlos expulsa aire de su cuerpo y pobre del que esté cerca, pues una simple chispa le convertirá en : La increíble antorcha humana. Era un chico sencillo hasta que el cliente le prometió ser jefe y ahora que le tiene de chico de los recados se pasa el día llamando la atención a los demás por todo lo que se le ocurre.

En segundo lugar, está el Dancing, maestro bailaor donde los haya y con una capacidad de aparecer y desaparecer dependiendo de si hay o no marrón tan increíble que le ha hecho ganarse el sobrenombre de El dancing invisible. No le ves venir y ya te la ha soltado. Cuidado con lo que haces pues él puede estar ahí viéndote y llamar al jefe para decírselo.

En tercer lugar el miembro femenino del grupo, pese a sus años lleva ropa ajustada y temblando estamos todos pensando en el día que se suelte la faja. Como esta debe ser elástica de narices es La mujer fantástica, sin contar otros poderes que ni el mismo personaje inicial tenía, como soltar tantos tacos por la boca que te atonta por no ser capaz de asimilarlos, o el poder de la medusa cuando está sentada de cara a todos nosotros espatarrada y con minifalda. Todavía sacamos brillo a la estatua de Enrique que miró allí.

Para terminar, en todo grupo hay un bonachón que se lleva todas las tortas... si, él es la cosa. Sobre todo porque cuando le ves piensas ‘Joder, que cosa más fea’. También es suyo el grito de ‘Es la hora de las tortas’ pues se las lleva todas.

Solo hay una cosa peor en este mundo que darle galones a un tonto, darle una chapa de cocacola y que se crea que son galones.

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