sábado, 28 de abril de 2007

Abuela.

Hace poco más de un año que murió mi abuela materna.

Un día a mediados de Marzo del año 2006, mi madre me dijo que la habían ingresado en el Hospital por un dolor en el pecho. Su corazón, ese corazón que parecía de piedra y rebosante de cariño hacia mi, se había roto y solo un cohágulo de sangre impedía que muriese.

Los médicos se lo pusieron complicado. Si se operaba, podría salir adelante pero dependería de los demás de por vida para cualquier labor, incluso ir al baño. De no operarse, viviría lo que el cohágulo aguantase.

Decidió no ser más carga, no se operaría y pidió despedirse de cada uno de nosotros. Entramos a la UCI, yo acompañado de mi inseparable mujer y se quitó la mascarilla para decirnos que nos quisiésemos por siempre, me volvió a llamar Luna llena, como siempre me decía desde niño y nos dijo que nos cuidásemos entre nosotros. Volvió a resaltar lo orgullosa que estaba de mi, de mi bondad, de mi vida y de mi seriedad. La dimos un beso y salimos.

Esa misma noche falleció.

Se hizo una misa por su alma y mis familiares prepararon una ceremonia muy especial, pero no fui invitado a formar parte de ella, no sé porqué ni me importa. Un año después, hago yo mi propio homenaje a mi abuela y quedará aquí escrito, no son palabras dichas al viento.

Abuela, si realmente me ves, si es verdad que hay un más allá... mírame abuela. Todavía te veo sonreir al verme entrar por la puerta y te veré entrar sonriendo cuando veas lo que estamos a punto de conseguir, algo que sé que te hubiera hecho muy feliz.

No estás, pero vivirás siempre conmigo en mi corazón.

Te echo de menos.
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