jueves, 12 de abril de 2007

La opción 4

‘¡¡¡Mierda!!!’
Se que puedo ser más ingenioso con mis palabras, pero cuando tras horas de escritura en un documento se va la luz y pierdes lo hecho, mi intelecto pierde el norte. Así que me agacho (sin dejar de apretar cachete, que nunca se sabe) y le doy al botón de encendido. Menudo día llevo, primero me dicen que libere el equipo porque me van a borrar los usuarios del que estaba antes y ahora esto.

Tras 5 intentos para que mi maravillosa herramienta de trabajo funcione, me doy cuenta que me han dado mis nuevos usuarios, pero no mis contraseñas, así que no puedo entrar.

Tras alucinar un rato cojo el teléfono y llamo a los que llevan este tema.
‘Hola, que no me han dado las contraseñas de mi usuario’.
‘Has probado con poner la misma que el usuario?’.
‘A ver.... no, no funciona’.
‘1-2-3-4-5-6’.
‘Nop’.
‘6-5-4-3-2-1’.
‘Va a ser que no’.
‘XXXXXXXX’.
‘A ver señorita, si tenemos que probar todas las combinaciones del alfabeto y los números, creo que tardaremos menos si me da una clave nueva’.
Tras demostrar que mi cabeza vuelve a estar en su sitio y hacer entrar en razón a la pobre y amable mujer, me dan un número de incidencia y me dicen que en media hora me llaman.
Una hora después no me llaman.
Dos horas después no me llaman.
Tres horas después llamo yo.
‘Oiga, que me han dado el plantón’.
‘ Lo siento, es que no nos funciona la herramienta para dar claves nuevas’.
‘¿Y eso?’
‘ Es que no nos funciona la clave, estamos esperando a ver si nos dan otra, en cuanto esté le llamamos’.
Y me toca esperar toda la tarde, con los usuarios presionándome para que haga un trabajo que no puedo hacer. Lo más inquietante es que no se sorprenden de lo que me sucede.

Hoy por la mañana, espero un rato y vuelvo a llamar.
‘Vera, llamaba por una incidencia de una clave’
‘Ah, si, que la ha revocado porque la ha tecleado mal’.
‘Pues difícilmente la voy a teclear mal si no sé cual es’.
‘Ah, pues es lo que han puesto aquí ¿Eh?’
‘Pues se han equivocado’
‘Bueno, yo lo arreglo.... hala, ya está, ya he restaurado su usuario y contraseña’.
‘¡Genial! ¿Y cual es mi clave?’.
‘No estoy autorizada a ver su clave, solo puedo restaurarla’.
‘A ver... ¡NO-TENGO-CLAVE! ¡NO-ME-LA-HAN-DADO!’.
‘Pues llame al 902559389 y pulse la opción 4, allí le darán una nueva’.

Tras un momento de respiraciones en una bolsa de papel llamo al número.

‘¿Diga?’
Alucino...
‘Este...., ¿Me pasa con la opción 4?’.
‘¿Qué?’.
‘Que me pase con la opción 4’.
‘Pero quien es’.
‘¿La opción 4 o yo?’.
Duda un momento.
‘Usted...’.
‘Verá, le llamo porque no me han dado mi clave de acceso, me han dado el número 902559389 y me han dicho que pulse la opción 4, pero si estoy hablando con usted no puedo hacerlo’.
‘¿Y que número es ese? No lo conozco’.
‘Pues el suyo señorita, estoy hablando con usted’.
‘No, no, no, llame al 902445588 y ahí pulse la opción 4’.
‘Y si me sale usted la saludo ¿No?’.

Así que llamo y esta vez, si, una amable voz metálica me da varias opciones y entre ellas la 4. Ahí me contesta un hombre con voz adormilada, me pide la incidencia y tras convencerle que no he revocado nada, promete mandársela a otros.
Dos horas después tengo mi contraseña... pero como me han tocado todo, no funciona el equipo, así que sigo mirando al tendido con una sonrisa.

Puede sonar irreal, pero es cierto, esta mañana he llorado de risa.

Insisto: Que viva el trabajo bien hecho.
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