jueves, 18 de octubre de 2007

Extraños compañeros de cama.


En mi grupo de café hay un tío al que no trago.

Dicho así suena mal, cierto, pero es la verdad. Es alguien al que conozco de hace muchos años y siempre nos hemos caído mal y al reencontrarnos tras tantos años la situación no ha cambiado, es algo instintivo.

Como normalmente somos muchos, cuando no habla uno lo hace el otro y la cosa está bien, es llevadera, pero el otro día nos quedamos los dos solos. Sentados en la escalera del edificio, ninguno de los dos tomamos café y ahí sentados, mirando cada uno a un lado y cortando la tensión con cuchillo.

En ese momento te das cuenta que si hablas de lo que sea con él, será para discutir, hasta que se te ocurre hacer un comentario: ‘ El encagado me tiene hasta las narices’ y el te dice ‘cualquier día le parto la cara’ y empezamos a desproticar contra él y sus amigos con una naturalidad y confianza que parece que somos amigos de toda la vida.

Muchas veces nos quejamos de los elementos que nos rodean y nos hacen la vida imposible, pero también hacen mucho bien, algo que sería imposible de otro modo, que tuviera de aliado a mi peor enemigo.

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