martes, 25 de diciembre de 2007

¿Y esto donde trae las instrucciones? (parte 2)

Se dicen muchas cosas de los partos. Somos producto de la televisión y nos creemos muchas veces lo que en ella vemos, o lo que nos cuentan... un gran error. No hay nada igual.

Ahora se ha puesto de moda que los padres entren al paritorio con sus mujeres, pero si algo sacas en claro desde el principio es que todo el protagonismo es de la madre: ni eres más hombre por estar ahí, ni ayudas a la madre. Es posible que ni siquiera te escuche cuando está sacando a su hijo del vientre, tu solo estás ahí y ni siquiera sabes que hacer, solo dar palabras de apoyo y esperar.

Cuando entré en el paritorio vi a mucha más gente de la esperada colaborando y otros tantos esperando por si hacían falta, un equipo de gente numeroso que aportaban tranquilidad. Me pude de inmediato junto a mi mujer, no sé lo que tardaría en asomar por allí una cabeza, pero a mi me parecieron solo unos segundos, un poco mas hasta escuchar llorar a la niña y la pusieron sobre la madre. Le dejaron besarla y se la llevaron mientras yo permanecía ahí, anonadado y contandole a la madre lo bonita que era la criatura que había traído al mundo, mientras veía como cortaban el cordón... y de verdad que lo era.

Mientras tanto llegaba la etapa del alumbramiento, cuando sacan la placenta tirando de los restos del cordón. Me ofrecieron verla pero pasé, sinceramente. El siguiente paso fue coser a la madre, raro es el parto que no traiga consigo un corte.

Se ve sangre, si, es muy diferente a lo que nos enseñan como os digo, pero es algo que me dejará marcado para siempre, el segundo punto que recordaré mientras viva, ver a mi hija llorando sobre el vientre de su madre, con sangre y ver a su madre llorar de felicidad.

Al poco trajeron a la niña y me dijeron que si quería cogerla. Que pregunta... pero mi afán era mostrarla a su madre, que viera lo que había hecho. Ellas dos eran las protagonistas de ese milagro que es dar vida y a mi, como padre, solamente se me había permitido formar parte de ellos como espectador y por ello estoy agradecido.

No me mareé, no me asusté, solo aluciné.

No olvidaré tampoco la expresión de toda la familia al verme llegar con la cuna de la niña, mi madre y mi suegra, ambas llorando, la sonrisa de hermanos y padres, todos corriendo a mi encuentro.

No olvidaré la priemra noche en vela, con mi niña tumbada sobre mi pecho, escuchando mi corazón y durmiendo. ¿Cómo puedes pensar siquiera en dormir? Yo solo quería sentirla cerca y lo conseguí y aún hoy cuando puedo la siento, la acaricio, compruebo que es real.

Si, soy feliz.
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