jueves, 26 de abril de 2007

Paco el brasas y victoria la borde.



Parte 1. Victoria la Borde (Cámera café).



Imaginaos mi lugar de trabajo, seis puestos enfrentados, seis personas de diferente educación, edad y estado civil, todos con nuestros problemas y vidas fuera de aquí y un odio irracional al cliente para el que trabajamos. Llegas por la mañana el primer día y dices: ‘Buenos días’ y te contesta una de enfrente ‘pues serán para ti’. Emulando a Millán de martes y trece un tic nervioso aparece en mi ojo derecho mientras miro a la malhumorada mujer, alta, pelo largo rizado, foto de hijo sobre la mesa... Quitando que parece un bulldog, no hay rastro de que haya sido ella la que ha dicho eso.

La edad no perdona.

Ese día me fijo que sale a las 15:00, tras la mala respuesta de la mañana intento hacer un acercamiento fugaz y amablemente le pregunto si su hijo es muy pequeño, a lo que me responde con una parrafada interminable de quejas, que si no tiene tiempo, que no la deja parar, que no puede con él, que cobra poco, que le duele un pie... a lo que yo pienso que quien narices me mandaría a mi preguntar, así que pacientemente asiento con la cabeza, mientras la doy la razón por el asco de vida que lleva y la animo a suicidarse, total, no merece la pena estar así, mejor deja el puesto a alguien más agradable ¿No?.

Llego al día siguiente. Un compañero me dice que tengo mala cara y me pregunta que me ha pasado, le comento que unos perros han estado ladrando toda la noche y se escucha ‘bof!’... sigo hablando y se escucha ‘jem!’... intento continuar y es ahora un ‘buf!’... ¡joder tía, apaga el tamagochi que estoy hablando! Y me suelta: ‘Pues que quejica es el tío’. Ante semejante toque de humanidad me puse a pensar que si no hablaba con ella, sus ruidos estomacales no irían conmigo, pero me dio por pensar motivos de que fuera así y se me ocurrieron dos:

- Mi poder de sombra hace que no se de cuenta que estoy aquí.
- Es tonta del culo y solo ella puede quejarse de su mala vida.

Ahora, para mosquearse es escucharla hablando con la señora que limpia su casa. Sinceramente, yo pensaba que la edad media y el derecho apernada se había pasado ya... me está abriendo los ojos.

Cada vez que hablo, tiene una mala respuesta preparada.

Se mastica la tragedia.

... continuará.
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