lunes, 3 de diciembre de 2007

Sol Negro: Mitos y Leyendas.

Antes de continuar con el cómic quisiera contar algunas cosas que pueden ayudar a entender lo que está pasando en él.
Supongo que os habréis dado cuenta de que los mitos están muy presentes en la historia, no solo se menciona el Cáliz de Cristo en numerosas ocasiones, si no que se habla de la leyenda de San Jorge y su lucha con el mítico Dragón.

Ahora estáis viendo a una Irene mutada en una criatura extraña con rasgos de lagarto y os preguntaréis a qué viene esto. Todo tiene en parte su lógica, o al menos esa lógica se encuentra en los libros de mitos y leyendas, en este caso en la de Sigfrido (como anticipó sin saberlo Korvec hace tiempo). Sigfrido pertenece a la leyenda de Nibelungos, era un héroe que llegó a conseguir la inmortalidad tras bañarse en la sangre de un dragón, pero una hoja se posó en su espalda sin él darse cuenta, dejando así un único punto débil. Cierto es que no tiene nada que ver con la metamorfosis de Irene, Sigfrido mantuvo su apariencia humana y en el caso de Irene no se ha bañado en su sangre, si no que se ha contaminado con una hoja que si se bañó en el líquido, pero al igual que a las otras leyendas las he versionado y modificado a mi antojo para añadirla a un cómic que principalmente pretendía que fuera un poco sorprendente y espectacular y los diseños de Irene lo eran.

Otra cosa que he visto que se comenta y que también pertenece a la mitología es el nombre del mendigo. Su nombre existía desde el principio del cómic, en realidad de mucho antes pues no se trata de un personaje nuevo para mi, pero lo he mantenido oculto con intención, simplemente para ser mostrado ahora que es cuando debe ganarse la confianza de una perturbadísima Sandra. Su nombre tiene mucho que ver con su personalidad… y si no investigad un poco. Me gustaría desvelar el misterio oculto tras el nombre del mendigo, pero no sé si podré hacerlo en un tiempo, aunque seguro que disfrutaríais con esta historia que viaja conmigo desde el año 1993 y que nunca he mostrado ni contado en su totalidad, sobre todo por su crudeza y salvajismo, tal que hace que un hombre pierda la cabeza por completo.
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